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Los puntos básicos clásicos siempre serán la base sobre la cual podremos crear nuevas variantes, a fin de obtener dibujos más bonitos, más sofisticados, de líneas esenciales con más de una “lectura visual”, y de texturas más gruesas o más finas según sean los cambios que hemos implantado.

Saber derivar puntos fantasía novedosos a partir de los básicos, es una cualidad que toda buena tejedora debería adquirir.

Aquí van algunos ejemplos de lo que se puede lograr con el punto arroz:

Punto Arroz Compacto, by Claudia Daneu

Punto Arroz Doble Occidental, by Claudia Daneu

Punto Arroz Doble Oriental, by Claudia Daneu

Contradicción de Arroz y Elástico, by Claudia Daneu

Arroz Doble con Torzada, más discreto, by Claudia Daneu

Super Arroz Doble con Torzada, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Los puntos sin calados al crochet suelen tener “mala prensa”; hay quienes dicen que son demasiado gruesos, duros, e incómodos de llevar puestos en una prenda de vestir. Si bien es cierto que los puntos fantasía en tramas sin calados resultan muy compactos, no es menos cierto que si son compactos podemos hacer de ellos “telas” super resistentes para diversos usos: tapados, faldas, carteras, almohadones, cubrecamas, y hasta alfombras pequeñas. También es muy cierto que tales tramas compactas, si van tejidas con hilados relativamente finos y con aguja relativamente gruesa, logran efectos nada rígidos sino todo lo contrario: dibujos bien nítidos que forman una tela bien abrigada pero agradable y que no da la impresión de “encogida”.

Combinaciones de todas varetas, o varetas y medio puntos, o incluso medio punto y cadenas, pueden ser la base para crear este tipo de tramas. Admiten tener realce o no tenerlo; pueden ser bien rectilíneos (con varetas o medio puntos alineados) o contener curvas (usando abanicos como leit motiv, o como base para otro dibujo- esto lo veremos más adelante, en otro post/capítulo). Veamos algunos ejemplos:

"Encuentro de curvas y rectas", de lejos, by Claudia Daneu

"Encuentro de curvas y rectas", de cerca, by Claudia Daneu

"Cadenas que dibujan líneas largas", de lejos, by Claudia Daneu

"Cadenas que dibujan líneas largas", de cerca, by Claudia Daneu

"Las Y griegas" de lejos, by Claudia Daneu

"Las Y griegas", de cerca, by Claudia Daneu

Las tramas cerradas con calados tienen las mismas reglas de diseño que las tramas sin calado, a excepción de la necesidad de incluir algunos espacios abiertos (a punto cadena, o mediante la inserción de grupos de varetas cruzadas, lo cual “abre” agujeritos) por entre medio de las líneas esenciales del dibujo. Este tipo de tramas da por resultado también telas compactas, pero con los aires románticos del encaje. Veamos algunos ejemplos:

"Cuasi-margaritas", de lejos, by Claudia Daneu

"Cuasi-margaritas", de cerca, by Claudia Daneu

"Mosaicos", de lejos, by Claudia Daneu

"Mosaicos", de cerca, by Claudia Daneu

"Mini-hexágonos", de lejos, by Claudia Daneu

"Mini-hexágonos", de cerca, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Elegir un hilado y la aguja que haga una buena dupla con él, es una cuestión más que importante de lo que comúnmente se cree. El primer indicio que nos dice si hemos tomado la aguja correcta es la libertad con la cual maniobramos al tejer; las lanas gruesas se le escapan al ganchillo pequeño (pues no caben dentro de él), así como las lanas finas parecen perderse en un inmenso espacio si se intenta tejerlas con un ganchillo demasiado grande. La incomodidad señala que esa aguja y esa lana no se llevan bien, así como la comodidad demuestra que la dupla lana-aguja funciona verdaderamente.

Sin embargo, dado que cada regla tiene también su excepción, algunas veces es posible utilizar una aguja un poco más delgada (para obtener un tramado algo más compacto, por ejemplo en puños y escotes, puntillas y otras terminaciones) o un poco más gorda (a fin de lograr un tejido más “aireado”, menos tupido y bastante más flexible). Es curioso ver cómo un mismo punto fantasía cambia notablemente su efecto visual, y su textura al tacto, hecho con un mismo hilado pero con diferentes tamaños de aguja. Igualmente, el mismo punto también cambia si se lo teje con hilado grueso o con hilado fino.

Pero aparte de esto, asimismo es necesario reconocer que el crochet de por sí produce tramas bastante gruesas, mucho más gruesas, en general, que cualquier punto tejido a dos agujas. Hay que saber contrarrestar este “defecto natural” del crochet. Por esta precisa razón, las hebras finas se prestan de maravillas para crear puntos de gran relieve, de dibujo más complejo y compacto, ideales para toda clase de prendas de abrigo, mientras que si se desea emplear lana gorda o semi-gorda, habrá que buscar puntos de menor relieve. Curiosamente también, aun con una lana gorda, buscando hacer un tejido en donde no se amontonen demasiadas varetas en abanicos, o no se hagan puntos ananá, o donde no se cierran varios puntos juntos, o sobre todo no se emplee la vareta en realce, se puede conseguir un tejido que no quede exageradamente grueso, ni grosero a la vista o al tacto.

Entre la opción de tejer una lana fina usándola doble, o tejer una lana gruesa, es preferible la segunda opción; la lana tejida doble (y haciendo un dibujo más básico) rinde muchísimo menos. Mucho más rinden una lana gruesa tejida con calados y puntos sin relieve, y una lana fina haciendo una fantasía muy labrada. Con una lana (fina) doble no se puede obtener una fantasía muy labrada y gruesa, con la delgadez de una lana fina tejida simple, absolutamente sí.

La elección de la trama gruesa o fina, con hilado fino o grueso, dependerá del concepto en base al cual diseñemos la prenda (sea más “souple” o más compacta, más informal o más formal: no es lo mismo un chal, que un saquito que imite a los de corte sastre), o incluso, a veces, también estará sujeta al material del que dispongamos (si vamos expresamente a comprar hilado nuevo, o si utilizaremos varios “restos” de otros tejidos).

mi punto "Terroncitos", by Claudia Daneu. Está hecho con varetas dobles agrupadas de a tres, cubiertas cada una con vareta simple. La lana es un acrílico extra fino.

fantasía simple con hilo de algodón rústico grueso, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Un recurso creativo, que muy pocas tejedoras conocen, consiste en la posibilidad de utilizar un dibujo que hacíamos en sentido recto, y adaptarlo a una forma circular, respetando claramente las líneas esenciales. Esta es una estrategia muy buena a la hora de inventar diseños para rosetones que sean  verdaderamente originales.

La única precaución a tener en cuenta es la necesidad de incluir aumentos en el tejido del círculo; sin embargo, eso no implica un impedimento. Generalmente, se puede duplicar el módulo del dibujo [ver post/capítulo IV, acerca de la secuencia de todo punto fantasía) de una guarda a la siguiente (pongamos, por ejemplo, guardas que lleven dos hileras, o tres), y también puede insertarse alguna hilera discreta de transición (con muchas cadenas para marcar nuevos espacios): el dibujo, al abrirse junto con el diámetro creciente del círculo, seguirá siendo bien visible.

Cabe destacar que asimismo es posible tomar el camino inverso: en base a un bello rosetón, también podrá surgir un buen punto fantasía para así correr con la aguja ida y vuelta, en sentido recto.

Nervaduras que se funden y se bifurcan, en sentido curvo, by Claudia Daneu

mi rosetón verde lima, más la réplica de su dibujo en sentido recto- nervaduras que se funden y se bifurcan, by Claudia Daneu

Nervaduras que se funden y se bifurcan, en sentido recto, de cerca, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

mi pullover celeste a rosetones, by Claudia Daneu

detalle- diseño rosetones celestes, by Claudia Daneu

Para hacer un hermoso chalequito a rosetones, una vez que tenemos diseñado el rosetón (hemos ideado varios modelos, y nos hemos decidido por uno que nos gusta más), ya podemos lanzarnos a tejer unos cuantos rosetones y a unir (con unión interna o externa, como mejor resulte) hasta tener completa toda la hilera inferior (la que cubre la medida entera de la cadera, o de la cintura si el chaleco fuese corto). Luego seguimos tejiendo tantos rosetones como para completar la hilera siguiente (si son hexágonos y precisan sus semi-hexágonos de compensación, a estos últimos los dejaremos para más tarde), y unimos. Con dos o tres hileras completas, podemos medir la pieza directamente sobre el cuerpo: sabremos así cuántas hileras nos faltan para llegar hasta la sisa, y también sabremos si queremos añadir un rosetón más a cada hilera (si es que quisiéramos que el chalequito fuese más holgado). No hay que olvidar, no obstante, que el tejido estirará con el uso, sobre todo en este tipo de entramado que suele ser bien abierto.

Una vez que tenemos lista toda la parte inferior, desde el borde de abajo hasta la sisa, volvemos a probarnos la pieza sobre el cuerpo (y si la prenda fuera para otra persona, se puede medir sobre un chaleco a la medida aproximada), y empezamos a calcular la parte de los hombros, de adelante y de atrás; comenzamos completando los rosetones (y todas las uniones) que faltan sobre la espalda, y luego terminamos los de adelante (si hubiera que hacer semi-hexágonos, se tejerán después). Luego hacemos las uniones que calzan sobre los hombros, volvemos a probarnos (o a probar sobre otro chaleco), y comenzamos a calcular los rosetones que se necesitarán para formar las mangas; si son hexágonos, se seguirá con las uniones de la misma manera (un hexágono va unido a otro hexágono sólo por uno de sus lados), puesto que no habrá que hacer disminuciones (si es que deseamos hacerlas) hasta después de pasada la altura del codo. Completadas las mangas desde los hombros hasta el codo, se prueba de nuevo y se mira si se quiere o no la disminución; si se la quiere, basta con unir dos lados entre dos hexágonos (VER FOTO), sobre el lado interno (donde vendría a estar la costura de la manga normalmente en cualquier sweater). Ahora sí se hacen tantos semi-hexágonos como sean necesarios, y se unen.

Pero aún quedan algunas cuestiones que aclarar acerca de los semi-hexágonos. Es preciso tener claro mentalmente la diferencia entre el modo de hacer un hexágono entero y el modo de obtener un semi-hexágono. El hexágono entero se teje en círculo, comenzando por un anillo de 5 puntos cadena. El semi-hexágono se inicia con un solo punto cadena, sobre el cual girará todo lo que tejeremos después. El hexágono generalmente se teje todo sobre un mismo lado (o sea, rara vez, al acabar una hilera y cerrarla con un punto enano, damos la vuelta para tejer la hilera siguiente sobre el otro lado); en tanto, el semi-hexágono necesita obligatoriamente cambiar de lado al ir y venir, cuando se acaba una hilera y se comienza con la siguiente (igual que si se tratara de una pieza recta). Precisamente esta diferencia (visual, y para las manos también) entre tejer el hexágono completo todo sobre un mismo lado, y la acción de tejer el semi-hexágono sobre uno y otro lado alternativamente, requiere poner mucha atención para no cambiar en nada el diseño del rosetón. Otro detalle primordial consiste en no “quitarle un pedazo” involuntariamente al semi-hexágono, obviando uno de sus ejes (por ejemplo, el hexágono completo tiene 12 ejes, entonces el semi-hexágono deberá llevar 7 ejes, y no 6, para quedar completo- VER GRÁFICOS Y FOTOS).

El chaleco ya tiene entero su “cuerpo”, y sólo resta hacer las terminaciones.

mi chalequito negro a rosetones, by Claudia Daneu

diseño del rosetón- chalequito negro, by Claudia Daneu

hexágonos y semi-hexágonos, cómo se ensamblan, by Claudia Daneu

esquema del hexágono del chalequito negro, by Claudia Daneu

semi-hexágono del chalequito negro, by Claudia Daneu

referencias

detalle- disminución manga, by Claudia Daneu

disminución- dos lados consecutivos unidos, chalequito negro, by Claudia Daneu

detalle- semihexágono, chalequito negro, by Claudia Daneu

detalle- terminación delantera, chalequito negro, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Pancitos y rosetones hacen las veces de mosaicos, más o menos grandes o pequeños, con los cuales se forman piezas enteras de crochet. Definámoslos más exactamente.

Pancitos” se llaman a los cuadraditos, a imitación de los pancitos o terrones (de azúcar, por ejemplo).

Rosetones” son fragmentos redondos, que toman su nombre de los hermosos ventanales circulares medievales muy labrados y con vitrales multicolores.

Sin embargo, la diferencia “geométrica” entre la cuadratura de los pancitos y la redondez de los rosetones puede llegar a no ser tan tajante. De rosetones con ciertas líneas apropiadas es posible obtener cuadraditos en realce; a su vez, de cuadraditos que van creciendo (circularmente) en más de cuatro direcciones, es posible extraer cierta redondez. También se pueden tejer en círculo excelentes hexágonos, ideales para construir chalequitos como de encaje.

Pancitos y rosetones se adaptan perfectamente a todo tipo de lanas y de hilos, para invierno y para verano.

Dos claves son las que hay que respetar y cumplir para que una pieza hecha a rosetones o pancitos salga en su mayor esplendor: primero, el diseño del fragmento debe haber sido muy bien pensado; y segundo, las uniones (que son muchas) deben también haber sido muy bien pensadas, y ejecutadas con suma prolijidad. De la belleza del rosetón más la perfección de las uniones depende todo aquí.

Examinemos las reglas de diseño de un rosetón:

1) Se teje en círculo: o sea, comenzamos con un anillo de unos 5 puntos cadena (no más, pues nos quedaría un agujero grande en el centro, ni tampoco menos, pues sería más engorroso, y menos factible, insertarle el número de puntos que queramos en la primera hilera); cubrimos con la cantidad necesaria de medio puntos o de varetas, según sea lo que programamos para las siguientes hileras. Conste que no queda bien tomar esa primera hilera “pinchando” sólo una o dos lazadas de la cadena de base. Lo que se debe hacer es abrazar la cadena entera, “forrándola” con las varetas o los medio puntos.

2) Cada hilera, una vez completa, debe siempre cerrarse con un punto enano sobre el preciso lugar desde el cual se inició.

3) A medida que hacemos crecer el dibujo, no hay que olvidar que el círculo se va agrandando y que por lo tanto el número de puntos naturalmente aumentará.

4) Los arcos formados por cadenas, dentro del dibujo de fantasía, sólo podrán dejarse a la vista si se utiliza una lana más o menos gruesa que le dé cierta presencia y solidez a la cadena, o bien si se usa una aguja extra-fina. Con los hilados finitos, en general, los arcos de cadenas quedan muchísimo mejor se son tupidamente forrados por medio puntos en la hilera siguiente.

5) Dado que el dibujo se expande en cada hilera, habrá que subdividir permanentemente los arcos, o los abanicos, u otros grupetos de puntos que vayamos formando. Una fórmula que hace a la belleza en tal subdivisión es la de colocar los nuevos arcos o abanicos no en el mismo lugar que los de la hilera anterior sino alternados, ubicando el comienzo y el final de cada arco sobre el punto central de cada arco anterior. Claro que esta regla no contradice a aquella otra que señala la necesidad de crear líneas esenciales siguiendo el curso de algunas varetas en realce: ambas cosas pueden convivir a la perfección dentro de un mismo rosetón.

6) Los rosetones deben tener como máximo unos 10 cm de diámetro para lucir elegantes una vez armada la prenda. Con más de 12 cm, aparecerán como más groseros; con mucho menos, pueden funcionar también, pero se prestan mejor para prendas pequeñas (carteras, o ropita infantil).

7) Cuál deba ser el derecho y cuál el revés del rosetón (no importa cuál sea el lado derecho sobre el que efectivamente lo hemos tejido), queda librado a nuestro arbitrio, según queramos lograr mayor o menor realce, o según lo dictaminen nuestros ojos.

Examinemos ahora la segunda clave, que es la perfección al unir los rosetones:

1) Si el rosetón es perfectamente circular, habrá que “subdividirlo” imaginariamente en 4 o en 6 y unir todas las piezas como si fueran cuadrangulares o hexagonales. Cuando el rosetón va perfilándose como cuadrado o como hexágono mientras se va tejiendo es más fácil. Armar un chalequito de mangas largas a pancitos (o bien, a rosetones circulares que aceptan tomar la forma cuadrangular al momento de unir) es sencillo: no requiere hacer mitades de rosetones, ni tampoco pide cambiar nada en la continuidad de las rectas uniones en las mangas (si hacemos rosetones medianos, pueden ser 4, para dar el total del ancho de la manga, podemos lograr una manga suelta y recta, son necesidad de hacer disminuciones).

2) Para armar un chalequito de mangas largas con rosetones de perímetro hexagonal, se necesita tejer algunos semi-hexágonos a fin de nivelar el borde sobre el cual se harán las terminaciones para presillas y botones, y para nivelar la abertura del escote, y también se requiere cerrar a veces dos lados de dos hexágonos a fin de lograr alguna disminución al llegar la manga hasta la altura del puño (esto lo veremos bien, con gráficos y fotos, en el próximo post/capítulo).

3) Si el rosetón lleva todos los arcos forrados, las uniones también deberán hacerse forrando bien tupido los arcos de la última hilera (si es que hemos dejado como última hilera unos arcos de punto cadena); pero si la última hilera lleva ya arcos forrados, simplemente se toman los puntos coincidentes de la última hilera de ambos lados a unir (abarcando las dos hebras de cada punto, como cuando hacemos medio punto tupido), y tejemos una hilera de medio punto, formando un lado del hexágono o del cuadrado.

4) Las uniones de cada lado de hexágono o de cuadrado, se tejen individualmente; o sea, se comienza y se termina entre los límites de dicho lado. Es conveniente dejar libres uno o dos puntos entre unión y unión (eso dará cierto espacio, ornamental y de comodidad también, entre rosetón y rosetón). Las colitas de lana que quedan sobre ambos extremos de la unión, sencillamente se esconden (con un ganchillo fino) dentro de la mismísima hilera de medio punto de unión; así la unión quedará perfectamente prolija; de allí dentro, las hilachas no se escaparán.

5) Según sea el diseño del rosetón, y el estilo de la prenda a confeccionar, las uniones resultarán más bonitas sobre el derecho o sobre el revés de la prenda. Algunas veces, las uniones por fuera le dan un último relieve muy vistoso al tejido; otras veces, dada la belleza o la delicadeza del dibujo interno del rosetón, es mejor hacer las uniones sobre el lado de adentro. Para saber cuál es la opción más acertada, no basta con imaginarla, es preciso hacer un par de pruebas (sin cortar el hilo ni nada de eso, simplemente tejiendo sobre uno y otro lado, y mirando cuál va más a nuestro gusto).

Veamos ahora algunos ejemplos de pancitos y rosetones:

pancito con varetas en realce tomadas juntas, by Claudia Daneu

mi rosetón verde lima, by Claudia Daneu

rosetón efecto hélices, by Claudia Daneu

rosetón con punto ananá y arcos de medio punto, by Claudia Daneu

rosetón de abanicos más arcos rellenos de medio punto, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Los encajes, junto con los puntos fantasía complejos de trama cerrada, son aquello que marca la dimensión superior del crochet. Comparemos un punto liso (todo medio punto, o todo vareta, sin ninguna variación), con cualquier punto labrado: la diferencia (visual y conceptual) entre ambos es evidente, y señala una enorme evolución.

El crochet como descubrimiento de un ganchillo que, solo y simple, sirve para hacer de un hilo una tela, es antiquísimo, y su genuino origen es incierto, y muy discutido.

Los encajes al crochet, históricamente, aparecieron en tiempos no remotamente lejanos al nuestro. Recordemos las carpetas de hilo superfino para adornar las mesas ratonas, y las aplicaciones que se hacían para el borde exterior de las sábanas. Estos usos, es obvio, eran algo puramente ornamental. Las fotografías de las señoras de principios de siglo XX, muchas veces han mostrado también algunos chales, o “pañoletas” al crochet; pero el uso del crochet para la confección de prendas de vestir, parece ser … modernísimo, y genial.

Si creamos encajes, ya no sólo en hilados extra-finos, sino con lanas (finas, no tanto, y hasta gruesas), podemos obtener puntos fantasía aptos para un sinfín de bellas prendas. Saldrán tramas resistentes, que abrigan (¡aunque sean caladas!), y que lucen bien coquetas.

La “lógica” más común con la que solía antiguamente idearse los encajes, era la simple combinación de varetas o de medio puntos y espacios, agrupando las varetas tal que, a la distancia, y en la totalidad, hicieran el efecto de ciertas figuras geométricas. Esta lógica da por resultado dibujos más bien rígidos, de rasgos muy rectilíneos. Claro que también existía la técnica de los rosetones, para entrar en el temple de las redondeces; pero esto lo veremos muy en detalle en el próximo post/capítulo.

Existen maneras de lograr encajes muy originales en base a otra lógica: combinando todos los puntos básicos (no todos a la misma vez,  necesariamente, pero sí sin abstenerse de aplicarlos a todos, según el caso), con o sin realce. Veamos algunos ejemplos:

mi encaje crochet- Continuo de Abanicos con varetas en realce, by Claudia Daneu

mi encaje crochet- punto Doble Rombo, by Claudia Daneu

mi encaje crochet- Fantasía de Óvalos y Arcos, by Claudia Daneu

mi encaje crochet- punto Armonía de Curvas y Rectas, by Claudia Daneu

mi encaje crochet- punto Mariposas, by Claudia Daneu

mi encaje crochet- punto Rositas, by Claudia Daneu

mi punto Rositas, de cerca, by Claudia Daneu

Esquema de la secuencia del punto "Rositas", by Claudia Daneu

mi encaje crochet- punto Curvas ZigZag, by Claudia Daneu

encaje simple, con lana gruesa, by Claudia Daneu

encaje simple, más de cerca, by Claudia Daneu

mi encaje crochet- Fantasía Tridimensional de Triángulos y Cuadrados, by Claudia Daneu

Fantasía Tridimensional de Triángulos y Cuadrados, más de cerca, by Claudia Daneu

Fantasía Tridimensional de Triángulos y Cuadrados, en sentido horizontal, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Si bien son algo necesario allí donde se requieran botoncitos, los ojales y las presillas son en sí mismos un detalle que construiremos con el crochet, de la manera más prolija y más linda. Ante todo es bueno recordar que se deben contar con exactitud los puntos que conformarán el espacio intermedio entre ojal y ojal, o entre presilla y presilla (porque de lo contrario, los botones quedarán a distancias desiguales, y eso es horrible); tomamos la pieza delantera de la prenda y miramos: vemos, aquí se precisan tres, cuatro, cinco, o la cantidad de botones que sea; calculamos (¡y anotamos!) el número de puntos intermedios, y los respetamos en la ejecución.

No es conveniente comprar los botones antes de haber tejido por dónde habrán de pasar. Es mucho más fácil ir a la mercería con la prenda terminada, y probar cuál modelo y tamaño de botón sea el más adecuado, y que más nos guste de acuerdo al estilo general de la prenda.

Los ojales son más simples: al estar “dentro” de la extensión del tejido, se limitan a obviar tantos puntos como queramos para lograr el agujerito deseado. No necesitan terminación. Hechos en su medida justa, de añadirles una hilerita de cangrejo o de medio punto, resultarían demasiado gruesos y cerrarían de más la entrada para el botón.

detalle ojal, tapadito rojo- by Claudia Daneu

los ojales de mi tapadito rojo- by Claudia Daneu

los ojales alineados con sus botones- by Claudia Daneu

los ojales con sus botones prendidos- by Claudia Daneu

Las presillas son más complejas, pero por contrapartida, son más coquetas y se prestan mejor a la originalidad: al estar “por fuera” de la extensión del tejido, sobre el borde, podemos crearle algún ribete elegante (y que favorece la resistencia de la presilla).

Para los chalecos en los que hayamos empleado un punto fantasía complicado, no es aconsejable el ojal sino la presilla, por razones obvias: donde hay cruces de varetas, o muchos calados, el “obviar” puntos equivaldría a intercalar no un agujerito para pasar un botón sino literalmente un “cráter” indeseable. Pero la presilla que hagamos en este tipo de chalecos deberá siempre guardar una fuerte semejanza con las líneas del dibujo de nuestro punto fantasía.

La vía básica para lograr una buena presilla consta de los siguientes pasos:

1) Sobre la hilera del borde de la prenda, cuando venimos tejiéndola, formamos un arco de base; puede se con punto cadena (más bien tirante que flojo el arco, cosa fundamental), o mucho mejor, con vareta o vareta doble (según sea más o menos grande la presilla, de acuerdo con el “tamaño” de los dibujos y el grosor de los hilados).

2) Hecho el arco, lo cerramos con un punto enano y giramos. Sobre esta segunda hilera de la presilla, rellenamos la totalidad del arco, lo más tupidamente posible, con todos medio puntos o media varetas, o varetas, según nos guste.

3) Cerramos la segunda hilera con otro punto enano; giramos, y tejemos o alguna hilera fantasía, o mejor, una hilera de punto cangrejo (algunas veces, no es imprescindible hacer esta hilera de fantasía o de cangrejo). Y ya hemos completado la presilla.

Un detalle (pequeño, pero importante y muy visible), es el cuidado de que los puntos enanos que formamos a cada lado del arco de la presilla sean tantos de un lado como del otro (no sea que de un lado cerramos dos veces sobre el mismo punto, y nos queda uno encima del otro, mientras que del otro lado hemos dilatado cerrando no sobre el mismo punto sino sobre el siguiente y así se expande en un punto más los límites de la “pieza” presilla); o cerramos siempre sobre el mismo punto enano de la vuelta anterior, o cerramos siempre sobre un punto más allá. Una vez más, la simetría marca la perfección. La observación y el cálculo constantes de lo que vamos haciendo garantiza tal simetría, y su perfección. Veamos algunos modelos:

presillas de mi chaleco de encaje crochet color plata- by Claudia Daneu

la misma presilla (sobre el revés)- by Claudia Daneu

la misma presilla, del derecho- by Claudia Daneu

presilla, con terminación en punto cangrejo- by Claudia Daneu

las mismas presillas, más de cerca- by Claudia Daneu

las mismas, en un plano más abierto- by Claudia Daneu

presillas al crochet- Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Las terminaciones son materia por la cual también hay que ser muy cuidadosa. Reclaman, y merecen, su propio trabajo de diseño y una especial atención en su confección. Los puños, los escotes, los bordes de sacos, chales, bufandas, cinturones, carteras, etc., son verdaderamente “vestidos” por las terminaciones, ya que sin éstas aparecen como desnudos, al descuido, y dan la impresión de una obra inacabada. Una buena terminación es lo que completa y engalana a todos los tejidos.

El estilo a elegir para cada terminación depende directamente del punto fantasía que se utilice, como así también del estilo general de la prenda. La terminación debe ser entendida como una prolongación natural del dibujo que veníamos realizando en la “tela” misma de la prenda; por eso, es fundamental respetar las “líneas esenciales” que veníamos dibujando: así, para una trama donde prevalecen las varetas en realce habrá que idear alguna pequeña fantasía en la que aparezcan algunas varetas en realce combinadas con otros elementos, o en otra trama en la cual el leit motiv son los abanicos lo mejor será hacer alguna hilera adicional de abanicos más diminutos (de menos cantidad de puntos, y tejidos con una aguja más chica). En aquellas tramas muy abiertas, que logran efecto red o encaje, es bueno que las terminaciones sean breves, de una o dos hileras nada más (si se las quiere compactas), o bien se culmina con una discreta vuelta de cangrejo , o de medio punto, o si el hilo fuera de mucho cuerpo, con una guarda de varias vueltas de un medio punto cada tantos puntos cadenas, armando segmentos rectos, tomando siempre cada medio punto sobre el medio punto de la hilera anterior (desde la segunda vuelta en adelante) y tomando cada primer medio punto (en la primera hilera) sobre el lugar más conveniente del dibujo lateral de la tela que hemos tejido (siempre sobre determinada vareta o medio punto, estratégicamente), y así obtendremos una terminación que no abulta. Las terminaciones jamás deben resultar pesadas con respecto al peso general de toda la trama; aunque tampoco deben ser demasiado livianas (por ejemplo, en un sweater de abrigo, no quedará bien poner una terminación tipo puntilla, repleta de cadenas y caladitos).

Pero hay otro capítulo más dentro del tema de las terminaciones, que requiere una detenida explicación. Existen innumerables puntos fantasía que, al hacer las disminuciones para el escote, dejan inevitablemente pequeños escalones, ciertas hendiduras, en la línea lateral que es la escotadura. No sacrificaremos nunca un bonito punto fantasía por una razón tan fácil de remediar. Para solucionar este problema, basta con rellenar tales escalones de la manera más adecuada según el caso (con varias varetas cerradas juntas, por ejemplo) sobre la primera hilera de terminación, de modo de nivelar esa línea de escote; luego seguiremos avanzando con el resto del diseño de la terminación con total comodidad.

borde inferior de mi sweater fantasía: la terminación es una hilera de punto cangrejo visible sobre su lado revés- Claudia Daneu

los puños y el borde inferior, deben hacer juego

borde inferior y puños- Claudia Daneu

mi sweater celeste, by Claudia Daneu

detalle cuello a medio punto, en mi sweater en punto arroz doble crochet- Claudia Daneu

la franja de terminación a medio punto, con hilera final a punto cangrejo del derecho.

detalle terminación saquito amarillo, by Claudia Daneu

detalle borde inferior de mi sweater fantasía en verde: la terminación sigue la línea esencial que son los abanicos, pero haciendo un par de hileras en realce revés y rematando con una hilera final de cangrejo al derecho- Claudia Daneu

igual terminación en el puño

detalle puño, by Claudia Daneu

detalle terminación escote, by Claudia Daneu

mi sweater verde, by Claudia Daneu

detalle nivelación en la primera hilera de terminación en escote: unas cuantas varetas cerradas juntas salvan el "escalón" que resulta de la disminución desnuda- Claudia Daneu

el escote con nivelación, más su franja de terminación en medio punto relieve, más una hilera final de punto cangrejo al derecho- Claudia Daneu

borde inferior de chaleco, terminado con una hilera de apretadísimos medio puntos al derecho- Claudia Daneu

el mismo detalle en el puño- Claudia Daneu

pequeña fantasía de varetas en realce, más una hilera final de picots, siguiendo las líneas esenciales del dibujo principal- by Claudia Daneu

detalle terminación cuello alto- Claudia Daneu

franja terminación hecha de un medio punto cada tantas cadenas (las cadenas, sujetas cada tantos medio puntos a la hilera anterior, conforman la terminación del grosor justo para el encaje del dibujo)- by Claudia Daneu

la misma terminación, más de cerca, visible el punto cangrejo final (que está del revés)- Claudia Daneu

borde inferior del chaleco: terminación en abanicos del revés, más la hilera de cangrejo también del revés- by Claudia Daneu

la terminación del puño, idéntica a la del borde inferior- by Claudia Daneu

mi chalequito de encaje crochet, de hilo de seda color plata, by Claudia Daneu.

franja de terminación en punto elástico simple al crochet- Claudia Daneu

detalle cuello, by Claudia Daneu

detalle puño, elástico simple crochet, by Claudia Daneu

mi saquito blanco, by Claudia Daneu

En definitiva, las terminaciones plantean sus propios problemas, pero siempre habrá una (o mejor, muchas) vías para subsanarlo exitosamente.

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Pocas veces se habla sobre este tema que es tan específico, pero de tan imprescindible dominio en el arte del crochet. La mejor manera, la más cómoda y fácil, y que asegura uniones más prolijas, consiste en tejer la unión misma, a ganchillo, tomando como base puntos (o partes de puntos, si se trata de uniones laterales) coincidentes desde una y otra de las partes a unir, y realizar allí toda una hilera de medio punto. El hecho de que la unión sea tejida y no cosida garantiza que la misma no resulte nunca “tirante”, ni tampoco demasiado floja.

Para todo sweater, chaleco, o blusita tejida, la primera de las uniones a hacer es la de los hombros, siempre; los bordes a unir en esas partes en todos los casos son la última vuelta que se ha tejido, por lo cual será más fácil ya que de por sí habrá “cadenas” (o sea, el cierre natural de medio puntos, varetas, etc. de la última hilera) sobre las cuales tomar la hilera de medio puntos que conformarán la unión. Luego, si hay mangas, se une la parte superior de cada manga a las partes delantera y trasera ya unidas por sólo los hombros (se colocan, extendidas sobre una mesa, las piezas unidas, y se pone el centro exacto del borde superior de la manga justo sobre el punto de unión entre la delantera y la espalda, juntando cara a cara derecho con derecho del tejido, cosa que es fundamental). Después se ensamblan los costados de la delantera y la espalda (cuidando de hacer coincidir con exactitud cada hilera de un lado con su idéntica del otro lado, puesto que el dibujo visto en horizontal debe continuar naturalmente aun en el paso de la pieza delantera a la trasera y viceversa). En estas últimas uniones ya aparecen de base las “cadenas” que se dan sobre los hombros, por lo cual se debe tomar sólo parte del segmento alto de la vareta de cada lado (porque si tomáramos toda la vareta de un lado más toda la vareta del otro, abrazándolas enteras con la lazada, sólo crearíamos una horrible muñón al unir); el alto de una vareta nos obliga a tejer dos medio puntos sobre la hilera de unión, la vareta doble exige tres, y los medio puntos sólo uno; en los casos en los que haya muchos calados no es aconsejable tejer una unión tupida de medio puntos: la solución está en alternar medio puntos sobre donde también haya medio puntos o varetas en la trama, con tantos puntos cadena como sea necesario para completar los espacios (una gruesa y cerrada hilera de medio puntos de unión sobre dibujos muy abiertos, también queda muy mal). Finalmente se cierran las mangas, desde la sisa hasta el puño.

El buen manejo de las uniones tejidas es clave en la hechura de prendas compuestas de rosetas o pancitos (en colchas, chales, chalecos, como ya lo veremos más adelante en este blog/libro).

Un detalle importante a la hora de iniciar y finalizar tanto una unión como una terminación, es el menudo pero valioso arte de esconder los nudos. La hebra que sobra (la anterior al primer punto, y la que sigue al punto ciego del remate) tiene que ser escondida, sobre todo en chalecos abiertos cuyo revés está expuesto a la vista exterior (en sweaters cerrados, no es tan imprescindible esto). La manera de esconder tales hebras es metiéndolas dentro del tejido de la misma unión: la anterior al primer punto se va “ocultando” a medida que hacemos la unión, mientras que la hebra del final deberá introducirse dentro del tejido de unión (tras cortar el hilo) utilizando una aguja más fina. Los nudos que provengan de añadidos (en el medio de cualquier hilera dentro de la extensión del tejido) siempre deberán quedar sobre el lado revés; pero si se quiere evitar tener tales añadidos en los chalecos abiertos o los chales o las colchas, basta prever cuando se nos va acabando el ovillo (y no habrá de alcanzar para acabar la hilera que estamos tejiendo), y cortar y añadir justo sobre el pasaje de una hilera a la siguiente (las hebras allí serán disimuladas en la correspondiente unión, o bien, dentro de las vueltas de terminación, según se requiera). Y aquí va otro detalle fundamental, no tan frecuentemente subrayado: al momento de finalizar cada parte, antes de rematar, se debe tejer un punto cadena (o sea, el final de cualquier extensión de tejido deberá ser: un punto cadena, un punto enano, cortar el hilo y apretar fuertemente el nudo, pero debe sobrar siempre una hebra de unos 3 cm); cortar el hilo al ras del nudo es casi una invitación a que el mismo uso pronto desteja nuestra preciada obra.

detalle costura unión hombros (chalequito sin mangas), by Claudia Daneu

detalle costura unión hombros (chalequito mangas largas), by Claudia Daneu

detalle unión delantera y trasera (alternando cadenas y medio puntos), Claudia Daneu

detalle costura unión delantera y trasera, Claudia Daneu

unión delantera y trasera, Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Si tejer al crochet es desde ya hermoso, el hecho de crear una prenda implica una doble satisfacción. Es dar rienda suelta a la imaginación, es poner en movimiento nuevas energías, y es a veces también un ingeniárselas para hallar el mejor modo de aprovechar materiales que ya tenemos en casa. Siempre, absolutamente siempre, crear significa hacer algo según el propio estilo; la mente “se resiste” a producir ideas ajenas a los gustos personales, que son cosa indiscutible. Estilos hay muchos, y todos son válidos, cada uno luciendo en quien gusta verdaderamente de él. No importa si es más sencillo o más trabajado, más clásico o más vanguardista, más campestre o más urbano, más “de calle” o más “de vestir”.

Para disponerse a diseñar, primero es necesario tener muy claro una serie de cuestiones: qué prenda hacer, para qué temporada (no es lo mismo el crochet para verano que el crochet para inverno), el hilado (no es igual una lana velluda que no permite labrados, que un hilado liso que “pide” un bonito dibujo), el color (los colores oscuros y los “fluo”, en su mayoría disimulan malamente los dibujos, mientras que los colores más claros resaltan cualquier clase de dibujo), el punto fantasía a elegir (el cual va a depender en gran medida de todos los ítems recién enumerados, puesto que la textura más firme o más blanda, más compacta o más calada que se desee, es fundamental), la línea que se desea darle a la prenda (estrecha u holgada, con o sin volados, con o sin vuelo, con las formas que la moda va imponiendo en términos generales). El diseño de una prenda debe ser una justa combinación de las preferencias de la tejedora y los “dictámenes” de la moda; no es tan difícil: dentro de lo que a una le agrada, así se hace y se añade algún detalle que dé el sello personal a la prenda.

Es bueno tomar las medidas sobre alguna otra prenda que poseamos, sean tejidas o no (por ejemplo, una remera o una blusita de tela que nos quede muy bien, nos dará el “molde” para un bárbaro top al crochet; también una camperita liviana nos puede dar las medidas adecuadas para un sweater); las líneas que sigue la tela, correctamente reproducidas en el tejido, lucirán igual. Para registrar y tener presente las mediciones, y para hacer todos los cálculos, es conveniente trazar un pequeño dibujo en papel, a mano alzada, con la figura de la prenda, parte por parte (delantera, espalda, y mangas). No es necesario confeccionar moldes de papel como los que exige la costura.

Otro factor a tener en cuenta es que no existe una única manera de encarar “la construcción” de una prenda; por ejemplo: una manga puede tejerse desde los puños hacia los hombros o a la inversa, según el punto (si queda más bello o más prolijo disminuyéndolo o aumentándolo); así también es posible comenzar un sweater desde todo el escote y prolongar el tejido completo hacia abajo, o bien se puede fraccionar entre delantera y espalda; igualmente se puede tejer un saco de una sola pieza, comenzando desde un puño, aumentando para la manga, luego mucho más para cubrir la delantera y la espalda, volviendo a disminuir para la otra manga, y achicando finalmente para el último puño (sólo habrá dos costuras, las que cierran las mangas y continúan desde la sisa hacia abajo). Lo mismo vale para las faldas, las carteras, los guantes, y lo que se quiera: existen suficientes variantes como para elegir cómodamente.

En la realización de  accesorios (carteras, bufandas, chales, guantes, gorros, y hasta figuras complicadas como lo son los muñequitos) el criterio creativo es el mismo: siempre la idea es la que va adelante de todo el proyecto (se piensa la forma, luego la manera más acertada de obtenerla, y luego se pasa a la ejecución).

Esencialmente, el diseño no tiene más secretos que los hasta aquí mencionados. Sólo requiere un poco de conocimiento, y un poco de voluntad (muchas ganas de inventar, paciencia para pensar ese invento, y una pequeña dosis de valentía para ponerlo en práctica). La experiencia aporta enormes recursos para lanzarse a la invención; el ejercicio de creación incrementa las propias capacidades y agiliza los tiempos: cada vez surgirán más posibilidades novedosas, más rápidamente, y resueltas de una manera más perfecta. Una creación bien lograda llama a la siguiente, y la alegría que trae el resultado positivo es un incentivo poderoso.

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Con las varetas en realce, hechas como “derecho” y “revés” (que ya hemos visto en el segundo capítulo//post), podemos obtener los clásicos básicos de dos agujas: el punto elástico (simple y doble), el punto arroz (simple y doble), y hasta el famoso punto inglés que, del revés, a crochet, queda hermoso (se hace así; primera hilera y todas las hileras impares: 1 punto derecho, 1 punto revés, y así sucesivamente; segunda hilera y todas las hileras pares: todo a punto derecho).

El elástico simple sirve para hacer prolijas terminaciones en puños, escotes y bordes inferiores de sweaters. El elástico doble logra un maravilloso “efecto morley”, y es ideal para tejer poleras. Tanto el elástico simple como el doble se prestan para tejer cómodos y abrigadísimos cuellos volcados.

Así como los elásticos al crochet reproducen, en visión y en “elasticidad”, a los elásticos hechos a dos agujas, por su parte el punto arroz (tanto el simple como el doble), cambian bastante su fisonomía al pasar de las dos agujas al crochet. El arroz simple hace un efecto similar a la trama de una esterilla; el arroz doble crea unos simpáticos y discretos pancitos rectangulares.

elástico simple crochet (de lejos), Claudia Daneu

elástico simple crochet (de cerca), Claudia Daneu

elástico doble crochet (de lejos), Claudia Daneu

elástico doble (de cerca), Claudia Daneu

arroz simple crochet (de lejos), Claudia Daneu

arroz simple (de cerca), Claudia Daneu

arroz doble crochet (de lejos), Claudia Daneu

arroz doble crochet (de cerca), Claudia Daneu

punto inglés crochet, del derecho (de lejos), by Claudia Daneu

punto inglés crochet, del derecho (de cerca), by Claudia Daneu

punto inglés crochet, del revés (de lejos), by Claudia Daneu

punto inglés crochet, del revés (de cerca), by Claudia Daneu

Pero no sólo los puntos básicos se pueden traducir al crochet; cualquier dibujo a dos agujas, con o sin calado, tiene su versión al crochet.

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Básicamente existen dos modalidades generales de aumento y disminución: una trabaja sólo sobre los costados del tejido, y la otra sobre el ancho completo (ampliando o reduciendo lo que vendría a ser el “vuelo”).

Aumentar o disminuir puntos sobre los costados es muy fácil en piezas hechas con diseño liso (todo medio punto, o todo vareta); se puede quitar o añadir de a uno solo, de a dos, o de a tres puntos, o más (según las necesidades, establecidas mediante los cálculos). Pero en cualquier punto fantasía, por sencillo que sea, los aumentos y las disminuciones se hacen fraccionando el dibujo por donde pueda ser realmente “cortado”. Así, siguiendo el ejemplo del clásico punto de los abanicos alternados, siempre se deberá aumentar o disminuir sumando cada “medio abanico”; de hecho, ese medio abanico que ya venía apareciendo sobre el borde del tejido (para que el lado resultara perfectamente recto), será el elemento irreductible de aumento y disminución. Esta modalidad es la requerida para dar forma a sisas, escotes y hombros.

En los casos en los que se deba disminuir (o aumentar) algo más que dos o tres puntos, o sea, donde no alcance con sólo tomar dos o tres puntos desde un mismo lugar para ampliar (es decir, un pedacito de 1 cm o más), será necesario cortar la lana y comenzar desde tantos puntos antes y prolongar hasta tantos puntos después, tejiendo los correspondientes puntos cadena a cada costado (si hay que aumentar), o comenzar y terminar la hilera a tantos puntos como haya que disminuir, contando desde el borde.

aumento lateral

disminución lateral

Para aplicar aumentos o disminuciones sobre el ancho entero del tejido, el punto elegido deberá prestarse a ello (puesto que no todos los puntos lo permiten), o bien deberemos intercalar franjas verticales en donde sí podamos hacer los cambios de número de puntos. Los tipos de punto fantasía que se adaptan naturalmente a este fin son todos los que llevan formas simples o complejas de abanicos; para ampliar o reducir, nada más hay que poner cada vez más o cada vez menos puntos adentro del abanico (nunca se deberá obviar el cálculo matemático que nos diga cuántas hileras habrá que hacerlo). Esta modalidad de aumento o disminución es ideal para el diseño de faldas, mangas largas, blusas sueltas, y hasta en ciertos modelos para carteras.

aumento interno

disminución interna

Salvo en fantasías muy clásicas y básicas, en todos aquellos puntos en donde se juega con varetas cruzadas o en realce tomadas con un marcado sesgo, o sea, ya en los dibujos algo más complicados donde medianamente se combinan diversos puntos básicos y en número diverso, la secuencia horizontal tiene armado un “argumento visual” (valga la metáfora) especial, es decir, el módulo que se repite determinado número de veces en cada hilera; solamente la simetría que hay dentro de dicho módulo es la guía para “cortar” la secuencia, sea para disminuir o para aumentar. Así, sobre hileras consecutivas, o bien cada tantas hileras, podremos perfectamente quitar o añadir una mitad o una cuarta parte del módulo, y la continuidad del dibujo de fantasía resultará prolijamente respetada. Cuando hacemos aumentos o disminuciones en estos módulos, quedarán siempre pequeños escaloncitos, los cuales serán nivelados sin ningún inconveniente con las hileras de terminación (por ejemplo en un escote), o dentro de la costura (en una manga, corta o larga); veamos algunos ejemplos:

detalle escote: disminución en punto de secuencia horizontal compleja, Claudia Daneu

detalle hombro- Claudia Daneu

disminuciones en punto de secuencia horizontal compleja, Claudia Daneu

detalle disminución en manga, Claudia Daneu

disminuciones en escote, niveladas por la terminación- Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

En el capítulo anterior, al hablar del número de puntos y de hileras, mencioné (más o menos al pasar) la idea de secuencia. Definámosla mejor, ya que es imprescindible conocerla muy bien. Yo denomino secuencia en sentido horizontal a aquel número clave de un punto fantasía dado, número que deberá ser aumentado a un múltiplo suyo (más el o los puntos anexos de terminación) para tejer completa una serie de secuencias horizontales; y, paralelamente, denomino secuencia en sentido vertical al número de hileras (dos, tres, cuatro, cinco, seis, o a veces más) necesarias para completar la guarda del dibujo. Todo punto fantasía (excepto los muy básicos) tiene un sentido horizontal y un sentido vertical de “lectura” visual, que es preciso tener bien claro tanto a la hora de diseñar como en el transcurso de la realización del tejido.

El sentido vertical de la secuencia (las guardas) no presenta mayores dificultades; conviene, nada más, hacer las guardas completas sobre puños, bordes inferiores de sweaters, faldas y accesorios en general; sí admite cierto “recorte” sobre los hombros de algún sweater, o sobre la sisa de alguna blusita con el formato de top (con o sin breteles). El sentido horizontal de la secuencia sí debe ser observado con cuidado a la hora de los aumentos y las disminuciones (esto lo veremos en el siguiente capítulo/post).

Miremos un par de ejemplos de secuencia.

MI PUNTO “VENTANITAS GÓTICAS”

SECUENCIA HORIZONTAL: el número clave es el 3; así el total de puntos para una hilera de base deberá ser un múltiplo de 3, pero habrá que sumarle un punto más de terminación (para que el dibujito quede completo en la secuencia última sobre el borde). SECUENCIA VERTICAL: la guarda se completa en 4 hileras.

SECUENCIA HORIZONTAL: el número clave es el 6 (o sea, el total de puntos de base deberá ser un múltiplo de 6, y habrá que sumarle un punto de terminación). SECUENCIA VERTICAL: la guarda se forma en 4 hileras.

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Una de las fórmulas infalibles para lograr un tejido perfecto consiste en la exactitud del cálculo; para ello se realizan precisamente las muestras, puesto que en ellas se puede trabajar siguiendo el criterio de ensayo y error, sin miedo alguno. Haciendo muestras “se prueba”, o “se comprueba” , cómo se lleva al grosor del hilado con el de la aguja (así elegiremos la aguja más adaptada a las necesidades), cómo se lleva el color con el dibujo del punto fantasía (el diseño del punto deberá lucir, o mejor, “relucir” con el color elegido, y no quedar opacado por él). Una vez que se ha determinado específicamente qué hilado, qué color, qué tipo de dibujo, y qué aguja se habrá de usar, entonces se confeccionará la muestra.

Las muestras, en sus dimensiones promedio, son de un tamaño aproximado de unos 30 puntos de base (o 40 o más si el hilo es muy finito, o 20 o menos si la lana es semigorda o más gruesa) por 10 cm. de altura. Para medir con mayor precisión el número de puntos y de hileras que un tejido va a rendir, es conveniente dejar descansar la muestra terminada durante, más o menos, un día; por extraño que parezca, la mayoría de los puntos fantasía se encoge un poquito algunas horas después de tejidos. Otro detalle a considerar es la diferencia de tensión al tejer, que varía entre una persona y otra; por eso, no es algo acertado hacer el cálculo de puntos sobre una muestra (o prenda) que haya confeccionado otra tejedora. Cada quien tiene que hacer sus propias muestras y sus propios cálculos.

Absolutamente nunca se debe planchar el tejido, (ni en la muestra, ni en la prenda finalizada tampoco); porque al planchar la muestra (incluso si se tratara de un tejido a dos agujas) las medidas se alteran inevitablemente (al estirar los puntos con la plancha, contaríamos puntos de menos para el ancho total, y la prenda resultaría mucho más angosta de lo deseado), y en lo que al crochet respecta, la plancha estropea el relieve natural de los puntos.

Es fundamental también tener en cuenta el número clave del punto (número de puntos de una secuencia completa horizontal, que se repite una y otra vez hasta acabar la hilera, más fácilmente contables en la primera hilera del dibujo); por ejemplo, para el clasiquísimo punto que lleva un Medio Punto Tupido, un abanico de 5 Varetas, un Medio Punto Tupido … , y así sucesivamente, (y contrariando en cada hilera), el número clave será el seis, ya que la secuencia horizontal completa abarca un punto para el primer medio punto, más otros dos puntos de espacio que se salta, más el cuarto punto sobre el cual se teje el abanico, más otros dos puntos de espacio libre, más el séptimo punto para el medio punto que hará de nexo de unión con el próximo abanico (todos los abanicos comparten ahí un medio punto de conexión); por eso, el número de puntos de base que deberán tejerse, tendrá que ser múltiplo de seis, más un punto para el que será el último medio punto, el que concluye la última secuencia del dibujo. Así es en todos los casos, el número clave será siempre algún múltiplo de tres, cuatro, cinco seis, siete , o más, sin olvidar jamás el o los puntos de culminación de la secuencia.

Teniendo bien en claro cuál punto fantasía es el elegido para la futura prenda, la muestra se hace directamente sobre una cadena cuyo número de puntos sea múltiplo del número clave. La muestra dará una determinada cantidad de centímetros de ancho y de altura; y para calcular, no hay otra opción que no sea el procedimiento de regla de tres, o sea, por reducción a la unidad. Así, pongamos el ejemplo hipotético de una muestra cuyo número clave sea el cinco; imaginemos una medida corriente (para una muestra) como puede ser 25 puntos de base; al mismo tiempo, supongamos que el dibujo del punto fantasía queda trazado cada cuatro hileras; pensemos que hay que calcular los centímetros de ancho y de altura para una espalda hasta la sisa. Tendremos que hacer entonces dos cuentas:

10 cm      ……………….    (es lo que rinden) 25 puntos

1 cm         ……………….     25 puntos : (dividido por) 1o cm

40 cm      ……………….     [  25 puntos  x (multiplicado por) 40 cm ]  :  (dividido por) 10 cm = 100 puntos (que serán la base, que darán el ancho)

3 cm      …………………     (es lo que rinden) 4 hileras

1 cm      …………………     4 hileras  :  3 cm

35 cm    ………………..     [ 4 hileras  x  35 cm ]  :  3 cm  =  46, 66 hileras (que darán la altura)

Como el número de hileras en nuestro caso hipotético se cuenta de a cuatro, entonces ese 46 y fracción se aproxima hacia el 44 o hacia el 48 (para respetar las guardas del dibujo). En los casos en que en el primer cálculo (el de los puntos de base)  nos dé por resultado una fracción, haremos lo mismo, es decir, quitar o agregar dos o tres puntos para obtener el múltiplo deseado y así el dibujo (en su sentido horizontal) no se vea tronchado. El hecho de que las guardas aparezcan completas tanto horizontal como verticalmente, logra un efecto visual de prolijidad más que notable; por lo demás, esa misma prolijidad va a ser de gran ayuda en el momento de unir las piezas del tejido.

Para el cálculo de aumentos y disminuciones se realiza idéntico procedimiento, siempre acomodando lo que se quita o lo que se agrega a los grupos de puntos que forman el dibujo.

Punto Cadena

Más allá de constituir la base sobre la cual se colocan los puntos que van a hacer al ancho del tejido, el punto cadena sirve de nexo para girar y continuar con la hilera siguiente, cuando se teje en forma cuadrangular, yendo de ida y vuelta (un punto cadena cuando se debe seguir con un medio punto, dos puntos cadenas cuando es una vareta lo que sigue, tres puntos cadenas si se hará una vareta doble). También es indispensable la cadena cuando se desea obtener tramas caladas, y puntillas.

punto cadena (derecho)

Punto Cadena (sobre su lado "derecho")

punto cadena (revés)

Punto Cadena (sobre su lado "revés")

Medio punto

Existen tres maneras de montarlo sobre una hilera anterior dada. Primero, tomando ambas hebras del punto correspondiente de abajo (es la manera que queda más firme, y la nombraremos como “Medio Punto Tupido”).

medio punto tupido

Medio Punto Tupido

medio punto (derecho)

Una hilera de medio punto (sobre su lado "derecho")

medio punto (revés)

Una hilera de medio punto (sobre su lado "revés")

Segundo, tomando sólo la hebra más alta, (la interna, la que está como del lado de “adentro” sobre el que estamos tejiendo, el lado “que nos mira”, digámoslo así, cuando tejemos en hileras de ida y vuelta) y que da por resultado un delicado cordón de escaso relieve sobre la otra cara del tejido (daremos en llamar “Medio Punto con Nervadura” a esta modalidad). Cuando tejemos en redondo, el cordón queda sobre el lado “derecho”, sobre el mismo en el que estamos trabajando.

medio punto con nervadura (chata)

Medio Punto con nervadura

Y tercero, tomando sólo la hebra externa, la más baja (la que en la modalidad anterior dejábamos libre), en cuyo caso sobresale más marcadamente el punto (y lo llamaremos “Medio Punto en relieve”).

medio punto en relieve

Medio Punto en relieve

Media vareta

Es la vareta misma, nada más que cerrada un paso antes que la vareta común. Es muy útil en ciertas gradaciones que van desde el medio punto hasta la vareta doble y viceversa, a la hora de crear pétalos para margaritas. También es recomendable emplearlo para hileras de borde (liso, de escaso adorno) en chalecos, cuando el medio punto aparece muy pequeño y la vareta demasiado alta para esos fines.

media vareta  (derecho)

Media Vareta (al derecho)

media vareta  (revés)

Media Vareta (al revés)

Punto Vareta

Comparte con el medio punto esas mismas modalidades recién explicadas (llamémoslas “Vareta Tupida), “Vareta con nervadura”, y “Vareta en relieve”).

fantasía de MP y PV alternados, con nervadura chata

Clásica fantasía de medio punto y vareta alternados, con nervadura chata.

fantasía de MP y PV alternados, con nervadura en relieve

Clásica fantasía de medio punto y vareta alternados, con relieve.

Para hacerlo, sólo hay que tejer los abanicos alternados con MP en las hilera impares, y en todas las hileras pares, tejer una fila ininterrumpida de MP relieve sobre todos y cada uno de los puntos de la hilera anterior (o sea, sobre los 5 puntos del abanico, y sobre cada medio punto de enlace también).

Pero además cuenta con otra maravillosa posibilidad adicional. Dado que la vareta es un punto “alto”, admite tanto “ser tomada” por la vareta de la hilera siguiente, como “tomar”, no ya pasando la aguja por debajo de las hebras que cierran los puntos (las usadas en las tres modalidades) sino abrazando el “cuerpo” mismo de la vareta. Así, si se pasa la aguja y se toma la lazada por detrás del cuerpo de la vareta anterior de abajo, la nueva vareta creará un impactante efecto realce que denominaremos “Vareta Realce Derecho”; igualmente, si se pasa la aguja y la lazada por delante del cuerpo de la vareta anterior, la nueva será una “Vareta Realce Revés”.

confección de vareta en realce del derecho

Confección Vareta Realce Derecho

vareta realce derecho

Vareta Realce Derecho

confección de vareta en realce del revés

Confección Vareta Realce Revés

vareta realce revés

Vareta Realce Revés

Vareta Doble

Todo lo descripto sobre la vareta es asimismo válido para la vareta doble.

Punto Ananá

Es una vareta que se rellena pasando dos, o tres, o hasta cuatro lazadas (de acuerdo al grosor del hilado, y a las necesidades del diseño) antes de cerrarlas en el primer cierre -el intermedio- del punto; o sea, se toma una lazada, se inserta la agua , se levanta la hebra y no se cierra, se vuelve a tomar otra lazada y se inserta de nuevo la aguja y se levanta otra vez la hebra, y tampoco se cierra, luego se repite una o dos veces más y sí se cierra la vareta como de costumbre. El punto ananá no admite, obviamente, otra forma de realce que no sea su propia forma redonda de mota; es decir, que solamente se toma como el medio punto tupido, o sobre algún arco de cadenas de la hilera anterior. La manera más apropiada de utilizar el punto ananá solo, lo más neto posible, en un punto fantasía que lo tenga como leit motiv, es alternar un punto ananá (seguido de un punto cadena) y un medio punto todo el tiempo, contrariando en cada vuelta, haciendo un medio punto tupido donde debajo hay un punto ananá, y haciendo un punto ananá donde debajo hay un medio punto tupido; este motivo sencillo crea un prolijo juego de motitas cómodamente juntas, pero no amontonadas.

confección del Punto Ananá

Confección Punto Ananá

la fantasía más sencilla con Punto Ananá

La fantasía más sencilla con Punto Ananá

Punto Enano

Este punto, también conocido como “Punto Chato”, es casi un medio punto que se cierra en un paso menos (se introduce la aguja, se pasa la lazada y directamente se cierra). Su uso casi se limita a rematar hileras cuando se teje en redondo, a fin de demarcar bien nítidamente cada vuelta, no sólo para evitar confundirse y contar mal mientras se teje, sino para respetar con pulcritud el dibujo (sea éste muy simple o muy complejo). Aunque asimismo, si se realiza una línea continuada de puntos enanos sobre una parte de dibujo liso (por ejemplo solo medio punto o sola vareta), preferentemente con lana de otro color, resulta “bordada” a ganchillo una cadena perfecta.

Punto Cangrejo

Es el mismísimo medio punto, pero tejido de izquierda a derecha. Su aplicación exclusiva consiste en rematar toda clase de bordes, puños y ruedos. Produce un discreto efecto de crestas (del derecho) y de símil “punto cruz” bordado (del revés), que protege las terminaciones puesto que las refuerza muy bien. Es imprescindible tejerlo siempre tomando ambas lazadas del punto correspondiente de la hilera anterior (por razones de prolijidad y de buena resistencia).

detalle Punto Cangrejo (del derecho)

Detalle de Punto Cangrejo (del derecho)

detalle Punto Cangrejo (del revés)

Detalle Punto Cangrejo (del revés)

estrella de mar ribeteada con Punto Cangrejo

Punto Cangrejo, ribeteando mi "Estrella de mar"- by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)

Son tres las virtudes de una buena tejedora, imprescindibles tanto cuando se empieza a aprender, como cuando se sabe poco o muchísimo de crochet: entusiasmo, paciencia, y siempre aspirar a más.

El entusiasmo empuja a hacer, la paciencia controla el apuro de obtenerlo todo al instante (y por tanto previene el desánimo y la deserción), y la aspiración a más es el motor de las capacidades creativas. Es muy necesario ser bien concientes de estos ítems ajenos al crochet, pero que estratégicamente incidirán en él.

El crochet es un arte, y como tal requiere su técnica y sus caminos para crecer: el esfuerzo de aprender o de perfeccionar siempre se verá recompensado a través de la obra realizada. La práctica, sostenida a lo largo del tiempo, es lo único que garantiza la evolución de nuestros tejidos; pero la práctica no sólo “promete” sino que efectivamente “cumple” con dicha evolución. Cualquier tejedora de escasos conocimientos que se diga a sí misma “no sé si podré”, tendrá que desterrar definitivamente sus dudas, y aprender a confiar en los conocimientos (teóricos) y las habilidades (prácticas) que ya posee, y así (y solamente así) podrá seguir adelante, y progresar.

Es fundamental tener primero mental y manualmente bien en claro todos los puntos básicos, dominarlos, saber tejerlos con ductilidad, con soltura en las manos, y que salgan absolutamente parejitos, igualitos todos (¡como si hubieran sido tejidos por una maquinita!); la “máquina” del crochet está constituida por el trabajo conjunto de nuestras manos y nuestra mente. Hay que saber “contar” mientras se teje, tal que la mente esté muy acostumbrada a trabajar juntamente con las manos; esto es una especie de “mecanización“, indispensable a la hora de hacer puntos fantasía en los que intervenga una constante diversidad de puntos básicos.

El orden lógico en la evolución de nuestro crochet indica ir gradualmente de lo más simple a lo complejo (en cuanto a los puntos elegidos), y de piezas más pequeñas a las más grandes (empezar tejiendo cosas de extensión reducida, por ejemplo, agarraderas, carpetitas, más tarde alguna bufanda, luego alguna cartera sencilla, para pasar luego a las prendas de vestir y a las formas tridimensionales que son los muñequitos).

La práctica y la búsqueda de cosas nuevas en el crochet implican el uso del método de ensayo y error: probar cómo queda un punto determinado, con tal o cual aguja, con tal o cual color, con tal o cual hilado, etc. . No hay que tener miedo de experimentar; eso sí, la experimentación conviene hacerla a pequeña escala, con muestras, con piezas chiquitas, y no arriesgando toda una confección extensa y complicada. De un error pequeño se aprende, casi sin ningún lamento: enseguida se corrige, y se continúa. De un error al arriesgar (sin recursos y sin cálculos) el proyecto de una prenda grande, es más el fastidio que la ganancia en aprendizaje, y hasta podría significar una desilusión y el desaliento para una tejedora principiante. Es preferible avanzar de a pasos cortos, pero firmes: ni nada ni nadie quitará lo aprendido, y su consiguiente satisfacción.

Asimismo, la experimentación deberá ser siempre guiada por una idea previa: primero pensamos, imaginamos, nos formamos mentalmente una imagen de lo que queremos tejer, y luego ponemos manos a la obra. La idea siempre precede a la realización: jamás saldrá un lindo tejido sin que antes haya sido bien pensado. La perfección de nuestro crochet dependerá en gran medida de la claridad de la idea según la cual lo hayamos creado (obvio que la ejecución prolija es vital, pero ésta nunca llegaría a ser si no tuviéramos clarísima la idea). La improvisación y el crochet no son buenos amigos; rara vez, y sólo en ciertos detalles menudos, se llevan bien.

Lo más hermoso del crochet es crear una misma los propios puntos fantasía y los propios diseños, y hacer nuestras prendas a nuestro gusto, casi a nuestra imagen y semejanza. Siendo finamente artístico, el crochet tiene la posibilidad de convertirse en algo altamente personal, original, capaz de separarse de la corriente general de las modas para revelarse como un verdadero estilo, mío, tuyo, de cada tejedora en su perfil peculiar. No está bien abordar el crochet más como útil que como bello: el concepto utilitario haría que la tejedora se estanque en lo que ya sabe y que se conforme con ello, sin pretender más; en cambio, si se antepone la belleza (la innovación y la profundización en la belleza, y el ajuste de los criterios más perfectos) a la utilidad, los dones de la mismísima creatividad hallarán de por sí utilidades novedosas, por añadidura. Esa trama (compacta, semi-calada, o calada) que hemos hecho creando un punto fantasía, o ese bonito adorno que se nos ocurrió, y hoy no sabemos dónde aplicarlo, el día de mañana encontrará su lugar en alguna prenda de vestir, o en un almohadón, o una cartera, o lo que sea; no existe belleza inútil (basta observar la naturaleza en sus detalles pequeños). Hay que darle tiempo de maduración a la creatividad (silenciosamente, en la imaginación): siempre, siempre, un susurro de inspiración ofrecerá alguna buena nueva idea.

El antiquísimo descubrimiento de un ganchillo que de un simple hilo obtiene una tela, con todo su misterio y su encanto, está a nuestra entera disposición en vistas a la más moderna y selectiva sofisticación. Las posibilidades creativas del crochet son infinitas. Bien vale la pena explorar vetas nuevas y extraer de ellas un poco de su gran tesoro.

CLAUDIA DANEU  (Soldebuenosaires)

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"Punto arroz de fantasía crochet", by Claudia Daneu

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"Juegos de varetas y varetas en realce", by Claudia Daneu

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"Ondulaciones", con varetas y varetas en realce, by Claudia Daneu

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"Rombos", con varetas y varetas en realce, by Claudia Daneu

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"Espigas crochet", by Claudia Daneu

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el revés de "Espigas crochet", by Claudia Daneu

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"Espigas crochet", en otro plano, by Claudia Daneu

CLAUDIA DANEU (Soldebuenosaires)